Hasta aquí todo va bien, Estela Sanchis
La lectura de este libro llega a ser morbosa, adictiva, a veces con esa incomodidad que pronto se convierte en expectación, en puro asombro, por momentos desagradable como una película de Haneke , pero también —y esto va destilándose con inteligencia y mucho sentido del ritmo— iluminadora, pues Estela Sanchis hace aquí, quizá sin pretenderlo, un pequeño tratado sobre el mal, sobre nuestro lado perverso y sobre la transgresión como nuestro instinto más genuino, tres agujas que van dando pespuntes a ese telón de fondo que son el amor, el otro, la infidelidad o el mundillo del arte. Este vigoroso y estimulante artefacto, de envoltura narrativa y tan redondo —el final es verdaderamente apoteósico—, es más interesante en cuanto nos damos cuenta de que está llevando a la práctica aquello que le obsesiona: la vida es la obra, y el lector, casi espectador, forma parte de esta performance que viene a dinamitar conceptos incómodos como la privacidad o la intimidad, pero sobre todo viene a ilumi...



