‘El invierno, otra vez’, Juan Antonio Bernier
Todo poema cuenta, además, una historia. Puede ser la historia de su lectura, de su recepción, o, como en este caso, la de su composición —no nos engañemos: ambas son la misma historia: la primera inventa a la segunda—. Por eso todo texto (empieza) acaba siendo a la vez un paratexto de sí mismo, o un metatexto; el lector toma prestado del autor cierta audacia exploradora con la que, si insiste lo suficiente, podría resquebrajar el muro. Esto, resquebrajar el muro, quizá sea el objetivo final de todo poema, de toda escritura, y aquí incluimos como texto al propio lector en su conversación con el mundo a propósito del texto, es decir, consigo mismo. Este poema, ‘El invierno, de nuevo’, se ha convertido en un espacio habitable. Una superficie blanda sobre la que recostarme, igual que algunos poemas de Mary Oliver son un grato paseo sobre la hierba. Es ya un hueco en mi interior, o más: una miniatura de mi propia interioridad. Tiene este poema su parcela en alguna parte de mi organismo co...






