Larvas, Tamara Silva Bernaschina
Qué bien armado el relato « Mi piojito lindo ». Con la duda, la magia de lo incompleto, porque la vida tampoco se da nunca del todo, menos en un relato, y qué gran narradora es la niñez, que no teme la formalidad y la esquematización del mundo a las que se pliega la adultez por puro miedo. Ah, y es obvio que el estado naciente debe darse tras el contacto con la sombra. De otro modo no emocionaría, o lo haría en un sentido estrictamente teórico, como lo hace cierta imaginería pseudoreligiosa que, de todas formas, como la vida misma, tampoco rechaza (antes bien, la requiere) la inestimable participación del mal. En el segundo relato, titulado «No acampar ni abordar», Tamara Silva Bernaschina amplía el registro, esta vez hacia lo que podríamos denominar mágico-telúrico. Un intento de escapada y una historia de amor incipiente entre personas que acaba siendo punto de encuentro entre la intimidad del ser humano y el sustrato del que procedemos y al que volveremos. Las imágenes aquí se tor...



