Cortarse el cabello, Rosario Villajos
«Abel Roux» —en realidad «Mi primer cadáver», relato inicial de Cortarse el cabello —, es una feliz noticia. La del regreso de Rosario Villajos como narradora en diferentes registros al que le dio muy merecida fama y reconocimiento. Siempre existe el riesgo de quedar repitiendo en eco un libro tan certero, aunque, como intuiremos ya por el tercer relato, el eco existe como estructura profunda, el linaje que toda escritura necesita para fundarse. También es feliz el hallazgo de una voz segura es sus devaneos, firme en su pretendida inconsistencia, ligera y jovial en ocurrencias a las que automáticamente guiñamos el ojo como incitados a un disfrute antiguo. Rescatarnos de donde sea hacia donde podría haber sido, ahí está todo el encanto, el ritmo y la frescura tan pegadiza que se diría adol escente. Bien por Abel Roux. «Un retrato con los ojos cerrados», por si antes no lo habíamos visto venir, se reafirma en esa cosa lábil y caliginosa llamada autoficción . Y lo hace, de nuevo, con not...




