sábado, 22 de diciembre de 2012

Darse a la lectura, Ángel Gabilondo (I)


Leer es demorarse. Si tenemos prisa o miedo, no seremos capaces de hacerlo. Sin duda require atender algunas decisivas necesidades, pero si esperamos a que todas estén cumplidas, nunca leeremos. Y no solo porque eso más bien no ocurrirá jamás, sino porque una de las condiciones fundamentales para leer es no sentirse plenamente satisfecho. Leer es siempre buscar.

(...)

... ha de abrirse en nosotros, sino un receptáculo, sí una brecha, alguna herida o escisión por la que ser capaces de escuchar no solo lo esperable, lo previsible, lo deseable.

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Para leer hay que ponerse en ello, hay que echarse a leer. Semejante arrojo precisa de más valentía que la que podríamos suponer. La más atrevida, la de estar dispuestos a dejarnos decir. No solo algo por alguien, sino a dejarnos decir a nosotros mismos.

Quedamos avisados, por tanto, de que en esto de la lectura uno corre ciertos peligros. El más atractivo, quizás, el de llegar a ser otro que quien se es.

(...)

Parecería que hay momentos principales, acciones decisivas del vivir y, por otro lado, estas ocupaciones de tiempo libre. Es verdad que hemos de irrumpir en el tiempo para leer, que es tanto como decir que el verdadero hogar en el que se lee es en el tiempo.

(...)

Es necesario leer para ser otros que quienes somos. (...) La lectura es un movimiento político que precisamente moviliza la voluntad de modificar el actual estado de cosas. Y lo cierto es que es necesario que esto suceda. Leer para ser otro, para que lo que hay sea de otra manera.


Ángel Gabilondo, Darse a la lectura. RBA.




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