viernes, 21 de diciembre de 2012

El mundo

Dicho esto, el policía se llevó la mano al bolsillo y extrajo de él la nariz envuelta en un papel.

- ¡Sí, es mi nariz! -gritó Kovalyov-. ¡Mi mismísima nariz! Venga a tomar conmigo una tacita de té.

-Lo haría con mucho gusto, pero me es imposible. Debo ir desde aquí al Correccional. El precio de los comestibles ha subido mucho, señor... En casa, viviendo conmigo, tengo a mi suegra, o sea, a la madre de mi esposa, y a los niños. El mayor, en particular, promete mucho; es un chico muy listo, pero no tengo medios para fomentar su educación...

Kovalyov entendió de qué se trataba y, cogiendo de la mesa un billete de diez rublos, lo puso en la mano del policía, quien se inclinó y abandonó la habitación. Y casi en el mismo momento Kovalyov oyó su voz en la calle, donde estaba dando bofetadas a un campesino bobo que había entrado con su carromato en el bulevar.


"La nariz", de Historias de San Petersburgo, Nikolai Gogol. Alianza.


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