sábado, 16 de noviembre de 2013

La gobernanza del miedo, Alicia García Ruiz

La gobernanza del miedo, Alicia García Ruiz.
Proteus, 2013.
Si echamos una mirada a nuestra historia veremos cosas poco amables. Una de ellas es esa jugada maestra del capitalismo que ha convertido a los sujetos en participantes de sus propias formas de dominación. La construcción de sociedades basadas en la ideología de la seguridad y la criminalización de la pobreza ha puesto en marcha un proceso que, presentado con absoluta naturalidad, no hace sino restringir nuestras libertades y derechos. Este principio de la seguridad, con sus dispositivos de control ya aprendidos y automatizados desde nuestra infancia, se sustenta en la producción de dinámicas del miedo: el miedo a los otros y el miedo a uno mismo. 

Alicia García Ruiz nos presenta en este libro imprescindible para entender nuestro tiempo una breve introducción a las reflexiones en torno a seguridad, pobreza y miedo, de autores como Foucault, Agamben, Arendt o Mattelart. Se trata de una lectura incómoda, en muchos momentos verdaderamente inquietante, que nos pone en guardia sobre cualquier tentativa de ceder a la opinión interesada de que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Muy al contrario, las lógicas internas de nuestro sistema, construidas sobre el temor y la exclusión, han generado una vida acostumbrada a la violación de nuestras libertades en gestos cotidianos que van desde los controles de seguridad en los comercios hasta los correos publicitarios que nos llegan a partir de nuestras búsquedas recientes en internet. 

Habitamos en sociedades que han hecho del estado de excepción la lógica natural de nuestras vidas. En esta supresión de legalidad y derechos, aceptamos criminalizar al discrepante, el ciudadano se ha convertido en sospechoso a través de un proceso de miedo inducido artificialmente que obedece a intereses privados. En este contexto, se establece una correlación preocupante entre la ideología de la seguridad y las exigencias de expansión del capitalismo. El objetivo, flexibilizar el control de la población para la nueva fase de acumulación de capital. 

El origen del escenario actual, con sus prácticas totalitaristas, habría que buscarlo, según Alicia García Ruiz, en las dictaduras americanas de los años sesenta. La sociedad entera, convertida en campo de batalla, consiente el estado de excepción continuo y naturalizado: movilizada contra sí misma, contra un enemigo difuso y que en la mayoría de los casos no es otro que su propio miedo, ejerce una violencia que se invisibiliza bajo máscaras conceptuales como seguridad, patriotismo o patria. Esta cultura del temor necesita del adoctrinamiento en masa, se retroalimenta implantando desde la infancia la ideología de la seguridad a través de controles presentados de una manera atractiva. Desde el parvulario se nos educa en la construcción del enemigo interior, incluso dentro de nosotros mismos, esa anomalía criminalizada y que, finalmente, hay que reprimir o excluir.

Nuestra sociedad capitalista fomenta y se sirve de una mentalidad agorera, del miedo a lo desconocido así como de una vida social que se transforma en permanentes simulacros de catástrofes. Los espacios urbanos se configuran a partir de un régimen de visibilidad que determina qué se quiere ver y qué no. Ciudades convertidas en escaparates de los que hay que preservar una desigualdad reconcentrada en zonas invisibles. La lógica del miedo anticipando al sospechoso en función de una peligrosidad virtual que ha sustituido a la presunción de inocencia. 

El libro termina con un apartado dedicado a la pobreza y los procesos de invisibilidad que la envuelven. De entrada, una consideración política sobre la pobreza: no es una condición humana, sino una situación social. No se es pobre, se deviene pobre. Y esto sucede tras un largo proceso de vulnerabilidad y exclusión que posee causas estructurales perfectamente identificables. Precisamente en torno a este concepto de exclusión reflexiona sobre la construcción social de la figura del antisistema. Esta etiqueta resulta políticamente útil para invisibilizar problemáticas más profundas, enmascaradas bajo la vieja lógica identitaria de "ellos" contra "nosotros". Bajo esta lógica de control y de polarización social, cualquiera que no esté de acuerdo con el sistema, (...) es ya un potencial antisistema. La criminalización de la protesta habría que entenderla como consecuencia de la deriva securitaria y totalitaria que está tomando la política. 

Junto al antisistema, está la figura del apátrida, que ha redefinido su situación: ya no sólo en relación con las fronteras exteriores, sino también con las fronteras interiores. Los nuevos apátridas proliferan con la creciente visibilidad de los pobres en un sistema cuya justificación democrática se hace casi imposible. Un sistema que sustituyó la responsabilidad política por el discurso caritativo. La compasión, en contraposición a la dignidad, supone un intento de humanización del llamado capitalismo compasivo


Que tengamos que ayudarnos a nosotros mismos es otra manera de decir que bajo este sistema, ya sea salvaje o compasivo, todos los que están arriba parecen lavarse las manos. Y vendarse los ojos. (...) El nuevo paria social, que se afana en sobrevivir en las fronteras interiores e intersticios de la ciudadanía, en los no-lugares de la ciudad, sufre también una progresiva pérdida de mundo, una lenta (o súbita) muerte social.

Leer de un tirón La gobernanza del miedo es toda una experiencia moral. La inquietud y el malestar nos crecen a medida que avanzamos a través de las páginas de este ensayo perfectamente condensado (sólo 48 páginas). Alicia García Ruiz ha escrito uno de esos libros que debería ser de obligada lectura para cualquier persona de nuestro tiempo. Sus palabras, claras y directas, deberían aparecer en un hipotético manual con los términos de uso de este mundo en el que hemos caído y del que algún día saldremos. De lo que nos ocurra entre esos dos instantes, de la manera en que encaremos nuestro destino, en definitiva, de nuestro deber cívico, somos los últimos responsables. 

4 comentarios:

  1. Muy interesante. Sin embargo las dictaduras americanas aprendieron de la española y tomaron como modelo la estrategia del miedo de nuestro dictador. El miedo y la falacia de seguridad son infalibles medios de control; y en España tuvimos bastantes años para convertirnos en expertos. En cuanto a la pobreza, es increíble cómo meten la pata (y se delatan) nuestros gobernantes-tertulianos e introducen en sus discursos el concepto de "si son pobres, algo habrán hecho"; como mucho, se merecen la caridad. Y que se callen.

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  2. Y la nuestra de la nazi. En realidad, el libro no está contextualizado en nuestro país, las reflexiones son más amplias a tenor incluso de los referentes teóricos (Agamben, Foucault, etc.). De hecho, no aparece la palabra España por ningún lado, sí las dictaduras americanas y la nazi. Sea como sea, es muy recomendable este libro. Aun más, casi obligatorio diría yo. Aunque al leerlo a veces se siente un escalofrío, como en la cita (cito del propio libro) de Nietzsche: "cuando contemplas largamente un abismo, el abismo también mira dentro de ti". Sobre nuestros políticos, qué decir nuevo. Me quedo con la llamada al deber cívico que plantea en un momento el libro. Cito del libro: "El sapere aude se transforma en un deber cívico: atreverse a saber supone reivindicar tu derecho a saber qué se sabe de ti frente a aquellos que sea apropian, sin permiso, el derecho a saber de todos. Fin de la cita.

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  3. Acabo de descubrir este blog. Menudo tesoro, abundan las páginas de crítica de literatura contemporánea, pero son raras las que ofrecen un verdadero diálogo entre el lector y la obra. Me has dado ganas de hacerme con este libro. El estado de excepción, como regla y no como excepción, me ha recordado a una anécdota de Gonzalo Suárez, que rodó El extraño caso del doctor Fausto en pleno estado de excepción durante el franquismo. Durante el rodaje pasaron dos semanas saltando y haciendo travesuras en las azoteas de varios edificios en pleno centro de Madrid. Al tiempo contaba las vicisitudes del rodaje, Suárez se dio cuenta de que, sin saberlo había encontrado una forma de hacer cine político.

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  4. Hola Alba, muchas gracias por pasar por aquí y por tu comentario. Te recomiendo vivamente este libro que es muchas cosas, pero sobre todo algo de lo que dices: comunicación y diálogo entre lector y escritor, pues ambos se van encontrando con el pasar de las páginas en el mismo lado del mundo. Y eso, al menos, es un consuelo.

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