lunes, 28 de octubre de 2013

Los libros y la libertad, Emilio Lledó

Hace unos días una alumna de catorce años, con ese aire de simpática contrariedad propia de su adolescencia, me decía que no le veía la utilidad a hacer resúmenes, a extraer las ideas de un texto y, en definitiva, a leerlo. 

Hoy me he acordado de esta anécdota mientras leía los primeros capítulos de este libro con un título casi épico: Los libros y la libertad. Me habría gustado tener en ese momento la claridad de ideas y, sobre todo, disponer del caudal de conocimientos y del discurso sereno pero incisivo de Emilio Lledó. Le habría explicado que los seres humanos somos memoria y lenguaje, que la memoria aglutina y sustenta nuestra experiencia dándole una continuidad imprescindible para saber quiénes somos. Le habría contado que el hombre inventó la escritura como remedio a nuestra temporalidad, como un artificio para sujetar el río del tiempo. Que esa escritura nos permite dialogar con otros tiempos, recoge nuestros anhelos y los consolida en signos perdurables; nos ofrece, en fin, una compañía desinteresada en la presencia física del libro, que puede entonces definirse como un recipiente donde reposa el tiempo.

Las palabras de Emilio Lledó se revisten de una carga que la sabiduría y erudición por sí solas no alcanzan a justificar. Hay algo más, una gravidez, una hondura, un aliento y una fuerza para los que los signos lingüísticos, por sí solos, tampoco son suficientes. 

En un tiempo dominado por una cultura de masas que se perpetúa en la general conformidad con la ignorancia, un tiempo, el nuestro, caracterizado por un anestesiante exceso de información que convierte el conocimiento en mera "apariencia", todo cuanto existe queda reducido a mercancía, adquiere valor por su utilidad. Las palabras han caído en las redes del pragmatismo extremo y, en un proceso de simulación infinita, son utilizadas como herramientas de manipulación y olvido. Ante esto, Emilio Lledó reivindica la educación en la reflexión de la lengua que nos constituye. La educación es la única salida posible a este tiempo, a nosotros mismos, prisioneros, que esperamos ser liberados mediante el mismo lenguaje que somos. Sólo así, convirtiéndonos en habla, lograremos conocernos y desarrollar una mirada que no esté vacía.

El próximo día prometo hacerlo mejor.



Los libros y la libertad, Emilio Lledó. RBA, 2013.




2 comentarios:

  1. Gracias por traer a este rincón a un hombre tan sabio y tan querido. Sus palabras nos reconcilian con el ser humano y nos ayudan a buscar un sentido a lo que nos ha tocado hacer en este mundo. El ser humano tiene derecho a ser feliz. Sin el lenguaje y la memoria solo somos juguetes del tiempo.

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  2. Pues sí, Carmen, me ha gustado lo de que sus palabras nos reconcilian. Eso ya es mucho decir para alguien que vive en el mundo y en el lenguaje. En el libro, además, va intercalando sus opiniones sobre nuestra historia particular, vertebrándolas siempre sobre una reflexión más amplia en torno al lenguaje y la memoria. Todo su pensamiento, como el de los grandes, sirve para eso, para la dignidad y la reconciliación.

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