domingo, 1 de marzo de 2015

Infancia, J.M. Coetzee I

Apenas cinco páginas bastan para que uno se asombre leyendo a Coetzee. Enseguida queda atrapado en una red muy familiar; se siente llamado en una galería de luces pálidas por algo que no sabía pero que recuerda.

Como la flecha que en su camino al centro de la diana perfora otra diana, tiene Coetzee la agudeza necesaria para captar lo trascendente en una simple anécdota. Tal es su maestría: anudar dos mundos, dos tiempos. Y en el nudo queda también ensartado el lector.

En este párrafo, uno de los muchos sencillamente memorables, tenemos una reflexión sobre el perspectivismo y una síntesis de esa compleja relación de idas y venidas entre el niño y la madre. 


Él corre por el patio lanzando una bola de críquet al aire y recogiéndola sin romper el paso. ¿Cuál es la verdadera trayectoria de la bola: va derecha hacia arriba y derecha hacia abajo, que es como él la ve, o sube y cae trazando una parábola en el aire, que es como la vería alguien parado? Cuando le habla a su madre de cosas como esta, percibe la desesperación en su mirada: ella sabe que esas cosas son importantes, y quiere comprender por qué, pero no puede. En cuanto a él, desearía que ella se interesara en las cosas por las cosas mismas, no porque le interesen a él.


2 comentarios:

  1. Breve e intenso. Certero comentario y certera cita. Da en la diana.

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  2. Muchas gracias, Carmen. No sé si soy de paladar corto o de poco asiento, pero elogiemos la brevedad como virtud :)

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