miércoles, 4 de marzo de 2015

Kanikosen, de Kobayashi


Kanikosen, cuya traducción literal vendría a ser El cangrejero, es la historia de una explotación tan salvaje que más bien habría que llamar puro esclavismo; también es la historia de un una revolución obrera y de una muerte, la del propio Kobayashi, que es la claudicación de la libertad ante el fanatismo depredador del ser humano.

Esta adaptación gráfica –en concreto, una versión manga– de la novela de Kobayashi antes que añadir profundidad o aportar matices significativos a una novela convertida en mito de la literatura proletaria, ofrece la posibilidad de acercarse a esta obra artística – que como toda gran obra artística, es también obra cultural, histórica y social– con la mirada ávida y expectante de quien abre un cómic dispuesto a dejarse atrapar por un trazo, un rostro, una elipsis o un nexo.

Un nexo, en este caso una locución conjuntiva adversativa, que sirve de puente entre dos ideas de una manera tan autónoma y tan inesperada que casi se olvidan cuáles eran esas dos ideas. El nexo, el enlace, lo insignificante era lo importante. Este tipo de hallazgos quedan en la retina después de una lectura interrumpida en una habitación de hospital que hizo resonar en mis oídos los ecos de esa lucha eterna y autosignificante de y por la libertad. Igual que el nexo es aquí autosignificante, pues ya dice por sí solo, se dice a sí mismo, incluso nos dice en él –nos quedamos felizmente acomodados en la arcadia mítica de la esperanza que parecen arrullar estas gaviotas bajo sus alas–, de la misma manera la lucha por la libertad se antoja a veces una cosa en sí misma, independiente, ajena a lo que hubo antes y lo que habrá después. Así que digámoslo, opongámonos, despojémonos luchando por algo que sabemos perdido, por algo que quizás sólo conocimos como la ficción de un bello sueño infantil, algo para lo que tal vez no seamos más que el polvo de los astros, sin embargo...






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