miércoles, 10 de julio de 2013

El sex appeal de lo inorgánico, Mario Perniola II

La transgresión de la sexualidad neutra está ya entera en un saber compartido y evidente: no sólo la lengua que chupa e el cunnilingus o en la felación es la misma que puede explicar Kant, no sólo la excitación que la hace actuar es una continuación de la experimentada en la lectura de las obras kantianas, sino que esta actividad sexual está íntima y esencialmente conectada con una meditación crítica, con una consideración, no filológica, sino especulativa, de la filosofía kantiana. p. 40

Este ingreso resulta más fácil partiendo de partes del cuerpo humano que están menos sexualmente caracterizadas o que presentan una dimensión menos orgánica y menos receptiva sensorialmente, como por ejemplo las rodillas, el aliento, el pelo. Cuando acariciáis las rodillas de vuestro compañero, podéis también imaginar que no se trata de huesos sino de una articulación metálica o bien de una juntura de material plástico. En cuanto al aliento, no evoca en este contexto la vida como respiración, sino la idea de un movimiento inmaterial cualitativamente muy determinado, que proviene de localidades inaccesibles: el aliento une la máxima estimulación sensorial, porque solicita fuertemente nuestro olfato, con la máxima abstracción, porque evoca dos cavidades, los pulmones y el estómago, en las que no lograremos entrar nunca. [...] En tal acto acaban a veces unidas la nobleza y la belleza de los ojos que nos miran con la bajeza y la pobreza del chupar, así como en el aliento el noble efluvio de los pulmones, de los que imaginamos un revestimiento más rosa y más sutil que el de la vulva y del ano, se confunde con la pesada exhalación de los contenidos del estómago, a los cuales podría añadirse, de modo, ¡ay!, invisible, nuestro esperma. En la conjunción de dos aspectos de naturaleza diversa e incomparable, que tienen, sin embargo, profundas resonancias en nuestro sentir, reside la garantía de una excitación que podemos activar en todo momento. p. 47

Es precisamente este préstamo, el hecho de que tú no te das a mí sino a un cyborg anónimo e impersonal en el que entramos juntos, lo que nos separa de la necesidad de avanzar hacia el orgasmo. [...] Así yo no te tomo a ti, y menos aún tu coño, tu boca o tu ano, sino un cuerpo que es ya el conjunto de nuestros cuerpos unidos. Que después me lo representes como una imagen de ordenador, como la mesa sobre la cual follamos, o bien como el suelo donde nuestros huesos se resienten, todo ello es irrelevante. Lo esencial es que no soy yo, no eres tú, sino la cosa filosófico-sexual, el súmmum de la abstracción y el súmmum de la reificación, la que celebra su propio triunfo sobre todos los sujetos que proyectan y los objetos utilizables, sobre el mundo de la previsión y de la instrumentalidad, sobre el reino de lo trivial y de lo obvio. p. 49




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