viernes, 12 de julio de 2013

"Agua negra", Lêdo Ivo

Aurora
Lêdo Ivo
Pre-textos, 2013
Colección La cruz del sur
Traducción de Martín López-Vega

No deja de causar admiración que un poeta en el final de su vida –de hecho se trata de un libro ya póstumo– quisiera abrir su próximo libro con un poema titulado “Aurora”, que además da título al libro. Como si sólo en la última parte del trayecto pudiéramos comprender y agradecer el don de la luz cotidiana. Sin embargo, esta clarividencia no ignora la realidad que se apaga, la tiniebla que vuelve. Y aquí está el prodigio de la voluntad: aun conociendo la certeza del fin, el júbilo por la existencia sigue siendo mayor.

Esta percepción gozosa del mundo se manifiesta en el poema con una serie imágenes sensoriales que buscan reproducir lo luminoso, el movimiento, lo viviente. Así, un descriptivismo entre nostálgico y celebratorio sirve de ancla a una vida que, a final de cuentas, nos debe más de lo que nos ha dado.

El marcado simbolismo procedente de la naturaleza, con la aurora como el primer y más importante motivo, recuerda aquel simbolismo intimista de Antonio Machado. En Lêdo Ivo, por coherencia con su tiempo, hay un mayor apego a la estampa urbana que, no obstante, conserva un cierto regusto edénico de desnudez e inocencia. Como el Machado ligero de equipaje, el poeta brasileño parece despedirse enarbolando una preocupación social y política y, por encima de aquella, el simple y puro amor.


AGUA NEGRA

Estoy de nuevo en Rotterdam
entre navíos y guindastes.
Bajo el sol que abriga el frío y la noche
muchachas rubias y espigadas caminan por las calles floridas sorbiendo helados
y los pedales de las bicicletas que cruzan los canales modulan el tránsito del tiempo
que se yergue en el aire como la corola de un tulipán.
En los escaparates de las tiendas los maniquíes inmóviles
me hacen señas, saben que soy un extranjero
y sus ojos ciegos se clavan en mí con amor.
Vengo de los pantanos.
En el cielo claro de Rotterdam
que rechaza aceptar la imposición de lo oscuro
la prolongada noche de verano
se cobra en mí promesas no cumplidas.
En la mesa del silencio deposito
mi disculpa y justificación.
Sólo merezco perdón y tolerancia.
Vengo de los pantanos y de las miasmas que hierven en el agua negra de las lagunas.
Y no he traído conmigo más que una patria perdida
y el recuerdo de un pubis muy amado.


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